Dicen que cuando en Nueva York son las tres de la tarde en Europa son las nueve de diez años antes. No se si Nueva York sigue estando una decada por delante pero lo que si es cierto es que el futuro del mundo de hoy ruge en Shangai.
El pasado de Nueva York está prendido de Holanda, la potencia fundadora.
Los neoyorquinos se dividen en tres categorias: Yankees, Mets y extranjeros. La neutralidad resulta imposible. La ciudad es beisbolera hasta lo enfermizo. Uno puede optar por la via fácil, el éxito, la de los Yankees, u optar por el fracaso, el sufrimiento, y se suma a la famélica legión de los Mets.
Hay que vivir en Nueva York al final de la primavera, cuando se olvida de la nieve, se guardan los abrigos donde quepan y los nueyorkinos recuperan la calle y la calle son aroma de mar, de alquitrán, de monóxido de carbono y de savia nueva: una combinación embriagante.
Otra cosa de Nueva york es South Bronx, el barrio maldito de Nueva York. Sus fronteras son vagas, la calle 155es una garantia. Al sur de esta calle todo es South Bronx en estado puro, con sus canchas de baloncesto entre coches incendiados, sus matones de biceps elefántiasicos, sus camellos, sus macarras y su actitud entre resignada y chulesca. Si en Nueva York conviene andar atento, en South Bronx es obligatorio ese estar atento.Una de las pocas señas de identidad que sobreviven en el Bronx es el racismo contra los blancos.